7

Seguridad (part 3 of 3)

Santidad · J. C. Ryle

Seguridad (part 3 of 3)

Aplicaciones prácticas (1) Para el no creyente

Y ahora, para terminar este importante estudio, quiero dirigirme primero al lector que todavía no se ha entregado al Señor, que todavía no se ha alejado del mundo, que aún no ha escogido la mejor parte y no ha comenzado a seguir a Cristo.

Le pido entonces que aprenda, de este tema, cuáles son los privilegios y consolaciones del verdadero cristiano.

No quiero que juzgue al Señor Jesucristo por su pueblo. El mejor de los siervos puede dar apenas un vislumbre de ese glorioso Maestro. Tampoco quiero que juzgue los privilegios de su reino por la medida de confort que logran muchos de los suyos. ¡Ay, la mayoría somos unas pobres criaturas! Tenemos pocas, muy pocas de las bendiciones que podríamos disfrutar.

Pero tenga por seguro que hay cosas seguras en la ciudad de nuestro Dios que aquellos que tienen una esperanza segura ya pueden palpar, aun en esta vida. Hay allí tal abundancia de paz que el corazón no puede concebir. En la casa de nuestro Padre hay tanto pan que hasta sobra, aunque muchos de nosotros comemos muy poco de él y, por ende, seguimos siendo débiles. Pero no culpemos al Maestro: La culpa es toda nuestra.

Y, al final de cuentas, el hijo más débil de Dios cuenta con una mina de consolaciones en su interior, de las cuales usted no puede saber nada. Usted ve los conflictos y los zarandeos de la superficie de su corazón, pero no las perlas de gran precio escondidas en el fondo. El miembro más frágil de Cristo no cambiaría su lugar con usted. El creyente que posee la menor seguridad está mucho mejor que usted. Tiene esperanza, aunque débil, en cambio usted no tiene ninguna. Tiene una porción que nunca le será quitada, un Redentor que nunca le será quitado, un Salvador que nunca lo abandonará, un tesoro que nunca se desvanece a causa de su insuficiente comprensión en el presente. Pero, en cuanto a usted, si muere tal como está, también morirán todas sus expectaciones. ¡Oh, que fuera usted sabio, que comprendiera estas cosas! ¡Oh, que considerara su destino final!

Siento más lástima por usted que nunca en estos últimos días en los que el mundo está llegando a su final. Siento mucha pena por aquellos cuyo todo tesoro está en la tierra y cuyas esperanzas están en este lado de la tumba. ¡Sí!...

- cuando veo antiguos reinos y dinastías temblando hasta sus cimientos, - cuando veo, como vimos todos hace unos años, a reyes y

príncipes, a ricos y grandes hombres huyendo para salvar sus vidas sin saber dónde esconderse,

- cuando veo propiedades que dependen de la confianza pública

derritiéndose como la nieve en la primavera, y las acciones de la bolsa de valores y fondos del gobierno perdiendo su valor. Cuando veo estas cosas, me dan mucha lástima los que no tienen una porción mejor que la que este mundo les puede dar, ni un lugar en el reino que no puede ser arrebatado20.

Recurra a un ministro de Cristo este mismo día. Busque las riquezas que perduran, un tesoro que nadie le puede quitar, una ciudad con cimientos duraderos. Haga lo que hizo el Apóstol. Entréguese al Señor Jesucristo y busque aquella corona incorruptible que está preparado para otorgarle. Tome el yugo de Cristo y aprenda de él. Apártese del mundo que nunca lo satisfará y del pecado que le morderá como una serpiente si se aferra a él hasta el final. Venga al Señor Jesús como un humilde pecador y Él lo recibirá, perdonará y le dará su Espíritu renovador, y le llenará de paz. Esto le dará más consolación que la que jamás le ha dado el mundo. Hay un vacío en su vida que nadie, sino la paz de Cristo puede llenar. Venga y comparta nuestros privilegios. Venga con nosotros y siéntese a nuestro lado.

(2) Para el creyente

En último lugar, quiero dirigirme a todo creyente que lee estas páginas y decirle algunas palabras de consejo fraternal.

(a) Lo principal que le insto a hacer es esto: Si no cuenta usted con una esperanza segura de haber sido aceptado por Cristo, resuelva este día buscarla. Ocúpese de esto. Esfuércese por lograrla. Pídala en oración. No le dé descanso al Señor hasta “saber en quién ha creído”.

20 “Son doblemente desafortunados los que no tienen asegurado el cielo ni la tierra, ni lo temporal ni lo eterno”. —Thomas Brooks.

Realmente siento que la poca seguridad actual entre los que se consideran hijos de Dios, es una vergüenza y un reproche. “Es para lamentar profundamente”, dice el anciano Traill, “el que tantos cristianos hayan vivido veinte o treinta años desde que Jesús los llamara por su gracia y aún sigan dudando”. Recordemos el “anhelo” sincero que expresa Pablo: “Cada uno” de los hebreos sea solícito en lograr plena certeza (He. 6:11) para que evite que se les reproche por su falta de seguridad.

Lector creyente, ¿quiere realmente decir que no tiene ningún deseo de intercambiar su esperanza por confianza, su anhelo por convicción, su incertidumbre por conocimiento? Porque una fe débil lo salva, ¿se contentará con eso? Porque la seguridad no es esencial para su entrada al cielo, ¿se conformará sin ella en la tierra? ¡Ay, ésta no es una condición sana del alma en la cual permanecer, no es la manera de pensar de la era apostólica! Levántese ya y marche hacia adelante. No se quede pegado a los cimientos de la religión; avance hasta la perfección. No se contente con un día de pequeñeces. Nunca desprecie esto en los demás, pero nunca se contente con esto en usted mismo.

Créame, vale la pena buscar la seguridad. Renuncia usted a sus privilegios cuando se contenta sin ella. Las cosas que digo son para su propia paz. Si es bueno sentirse seguro con respecto a las cosas de este mundo, ¡mucho mejor es estarlo sobre las cosas celestiales! Su salvación es una cosa resuelta y cierta. Dios lo sabe. ¿Por qué no habría de procurar usted saberlo también? No hay nada en esto que no sea bíblico. Pablo nunca vio el Libro de la Vida, no obstante, dijo: “Estoy convencido”.

Sea, pues, su oración diaria que su fe aumente. Según el tamaño de su fe, será su paz. Cultive más esa raíz bendita y, tarde o temprano, por la bendición de Dios, puede esperar tener una flor. Quizá no logre una seguridad total de una sola vez. A veces es bueno que tenga que esperar:

No valoramos las cosas que podemos obtener sin esfuerzo. Pero aunque se demore, espérela. Busque y crea que la va a encontrar.

(b)No obstante, hay una cosa que no quiero que ignore: No se sorprenda si ocasionalmente tiene dudas, una vez que ha obtenido seguridad. No debe olvidar que está en la tierra y no en el cielo. Está todavía en el cuerpo y tiene pecado que mora en usted; la carne lucha contra el espíritu hasta el final. La lepra no se puede quitar de las paredes de la vieja casa hasta que la muerte la quita. Y también hay un diablo y un diablo fuerte: Un diablo que tentó al Señor Jesús e hizo caer a Pedro y se asegurará que usted lo sepa. Siempre habrá algunas dudas. El que nunca duda, no tiene nada que perder. El que nunca teme, no posee nada realmente valioso. El que nunca siente celos, poco sabe del amor profundo. No se desanime; usted será más que vencedor por medio de aquel que le amó. 21 (c) Por último, no olvide que la seguridad es algo que puede perderse por un tiempo, le puede suceder aun a los cristianos más brillantes, a menos que tengan cuidado.

La seguridad es una planta muy delicada. Necesita que cada día y cada hora se la vigile, riegue, cuide y valore. Así que vele y ore aún más cuando la tiene. Como dijo Rutherford: “Dele importancia a la seguridad”. Manténgase siempre en guardia. En El Progreso del Peregrino, cuando Cristiano se durmió en la arboleda perdió su certificado. Recuerde esto.

David perdió su seguridad durante muchos meses al caer en pecado. Pedro la perdió cuando negó a su Señor. Es cierto que ambos la volvieron a tener, pero no antes de haber derramado lágrimas amargas.

21 “Nadie siente seguridad en todo momento. Así como el sendero tiene la sombra de los árboles, con tramos de sol y sombra; y así como algunos lugares son oscuros y otros claros, así es usualmente la vida de los cristianos más seguros”. —Obispo Hopkins.“Es de sospechar que una persona sea hipócrita cuando muestra siempre el mismo talante, pretendiendo ser invariablemente recto”. —Traill.

La oscuridad espiritual viene montada a caballo, pero se retira caminando. Nos ataca antes de que nos demos cuenta que allí viene. Se retira lenta y gradualmente, y sólo después de muchos días. Es fácil descender por una ladera corriendo, pero es difícil escalarla. Así que recuerde mi advertencia: Cuando tiene el gozo del Señor, vele y ore.

(d) Sobre todo, no contriste al Espíritu. No apague el Espíritu. No irrite al Espíritu. No lo distancie, jugando con malos hábitos pequeños y pecados pequeños. Las pequeñas discusiones entre cónyuges resultan en hogares infelices y las pequeñas faltas, conocidas y permitidas, causarán contrariedad, entre usted y el Espíritu.

Preste atención a la conclusión de todo el asunto: El hombre que camina más cercano con Dios en Cristo, por lo general, gozará de mayor paz. El creyente que sigue al Señor más plenamente y apunta a la medida más alta de santidad ordinariamente, disfrutará de la mayor esperanza y tendrá una convicción más clara de su propia salvación.

Apéndice

La diferencia entre fe y seguridad

Los siguientes son fragmentos de teólogos ingleses, que demuestran…

- que existe una diferencia entre la fe y la seguridad, - que el creyente puede ser justificado y aceptado por Dios y no

disfrutar de un conocimiento adecuado de su propia seguridad y - que la fe más débil en Cristo, si es genuina, salva al hombre tan

ciertamente como lo hace con la más fuerte.

(1) “La misericordia de Dios es mayor que todos los pecados en el mundo.

Pero, a veces, estamos en un estado en que pensamos que no tenemos nada de fe o si acaso la tenemos, es muy floja y débil. Y, por lo tanto, son dos cosas distintas tener fe y sentir la fe. Algunos sienten fe, pero no la pueden obtener, no obstante, no deben desesperarse, sino seguir clamando a Dios y tarde o temprano vendrá: Dios abrirá sus corazones y dejará sentir su bondad”.

—Sermones

del

obispo

Latimer

, 1552. (2) “El hombre de fe débil puede fallar en la aplicación o en la asimilación y la apropiación de los beneficios de Cristo a su vida. Esto se nota en la experiencia ordinaria. Hay muchos hombres de corazón humilde y contrito que sirven a Dios en espíritu y en verdad, pero aun así, no pueden decir sin tener muchas dudas e inseguridad: Sé y estoy completamente seguro que mis pecados han sido perdonados. ¿Diremos, entonces, que los tales no tienen fe? Ni Dios lo quiera. Esta débil fe será merecedora del cumplimiento de las promesas misericordiosas de Dios para perdón del pecado, tanto como lo es una fe fuerte, aunque no tan contundentemente. El hombre con una mano seca puede extenderla para recibir un regalo de mano de un rey, tanto como el que tiene una mano normal, aunque quizá no con tanta firmeza y seguridad”. —Exposition

of the

Creed

(Exposición del credo), por William Perkins, Ministro de Cristo en la Universidad de Cambridge, 1612.

(3)“Esta certidumbre de nuestra salvación de la cual habla Pablo, repetida por Pedro y mencionada por David (Sal. 4:7), es ese fruto especial de la fe, que respira gozo espiritual y paz interior, que sobrepasa todo entendimiento. Es cierto que no todos los hijos de Dios la tienen. Una cosa es el árbol y otra es el fruto del árbol: Una cosa es la fe y otro el fruto de la fe. Y ese remanente de los escogidos de Dios que siente la falta de esta fe, de cualquier manera, la tienen”.

—Sermón por Richard Greenham, ministro y predicador de la Palabra de Dios, 1612.

(4) “Algunos piensan que no tienen nada de fe porque no tienen una seguridad certera. Pero aun el fuego más endeble que pueda haber, tendrá humo”.

—The

Bruised

Reed

(La caña cascada) por Richard Sibbes, Profesor en Catherine Hall, Cambridge, y predicador en Gray’s Inn, Londres, 1630.

(5)“El acto de fe se trata de aplicar a Cristo al alma y esto lo puede hacer, tanto la fe más débil como la más fuerte, si es auténtica. Un niño puede sostener una vara tan bien como un hombre, aunque no con tanta fuerza. El prisionero ve el sol a través de un agujero, aunque no tan perfectamente como los que están al aire libre. Los israelitas miraron la serpiente de bronce a la distancia y, aun así, fueron sanados. La fe más pequeña es tan preciada al alma del creyente como la fe de Pedro y Pablo lo era para ellos porque se apropia de Cristo y trae salvación eterna”.

—An

Exposition

of the

Second

Epistle General

of Peter

(Una exposición de la segunda epístola general de Pedro) por el Rev. Thomas Adams, Rector de St. Gregory, Londres, 1633.

(6) “Una fe débil es fe auténtica, es preciosa, aunque no tan grande como una fe fuerte; el Espíritu Santo es el mismo (el autor), el evangelio es el mismo (el instrumento). Aunque nunca llegue a ser fuerte, la fe débil salva porque por ella nos interesamos en Cristo y hace que él y todos sus beneficios sean nuestros. Porque no es la fuerza de nuestra fe lo que salva, sino la autenticidad de nuestra fe, no es la debilidad de nuestra fe lo que condena, sino la falta de fe porque aun la fe más débil se apropia de Cristo y, por tanto, nos salva. Ni tampoco somos salvos por la calidad o cantidad de nuestra fe, sino por Cristo, quien salva por la fe, sea esta fuerte o débil. Una mano débil puede llevarse comida a la boca y esa comida alimenta y nutre al cuerpo tal como si hubiera sido llevada a la boca por una mano fuerte; dado que el cuerpo no se nutre por la fuerza de la mano, sino por las bondades de la carne”. —The

Doctrine

of Faith

(La doctrina de la fe), por John Rogers, Predicador de la Palabra de Dios, en Dedham, Essex, 1634.

(7)“Una cosa es tener algo con seguridad, otra saber con seguridad que la tenemos. Buscamos muchas cosas que ya tenemos en las manos y tenemos muchas cosas que creemos haber perdido. Del mismo modo, un creyente puede tener una fe segura, aunque no siempre sepa que la tiene. La fe es necesaria para la salvación; pero una seguridad plena de que cree no es indispensable”.

—Ball

on

Faith

(Ball sobre la fe), 1637. (8) “Hay una fe débil, que aun así, es auténtica; y aunque es débil, porque es auténtica no será rechazada por Cristo. La fe no es creada perfecta al principio, como lo fue la de Adán; sino que es como un hombre en el curso de la naturaleza, que es primero un instrumento, luego un niño, luego un joven y luego un hombre. Algunos rechazan totalmente a los débiles y llaman hipocresía a toda debilidad en la fe. Estos son, por cierto, hombres orgullosos y crueles. Algunos consuelan y confirman a los que son débiles diciendo: ‘No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?’ (Ec. 7:16). Estos son cojines blandos, pero no seguros; son aduladores lisonjeros, no amigos fieles. Algunos consuelan y exhortan diciendo: ‘Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios’ (He. 6:1). Éste es el curso más seguro y el mejor”.

—Questions,

Observations,

etc.,

upon the

Gospel

According

to St.

Matthew (Preguntas, observaciones, etc. sobre el Evangelio según San Mateo) por Richard Ward, en alguna ocasión alumno en Cambridge y predicador del evangelio en Londres, 1640. (9)“Un hombre puede contar con el favor de Dios, estar en un estado de gracia, ser justificado delante de Dios y, aun así, carecer de una seguridad fehaciente de su salvación y de contar con el favor de Dios en Cristo. Un hombre puede tener dentro de sí una fe salvadora y, no obstante, no percibirla; un hombre puede tener una verdadera fe justificadora,

pero no tener el uso o la operación de ella como para darle una seguridad tranquila de su reconciliación con Dios. Diré más: Un hombre puede estar en el estado de gracia y tener en él una verdadera fe que justifica, aunque le parezca lo contrario. Éste fue ciertamente el caso de Job quien clamó a Dios: ‘¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?’ (Job 13:24). Aun la fe más débil justifica. Si usted no puede recibir a Cristo y descansar en él, aunque sea con una fe débil, tarde o temprano se dará cuenta de su error. Tenga cuidado de no pensar que es la fuerza de su fe lo que lo justifica. No, no: Es Cristo y su justicia perfecta lo que su fe recibe y sobre lo cual descansa, lo que salva. El que tiene la mano más endeble y débil puede recibir una limosna y aplicar una cataplasma a su herida, tal como puede hacerlo la más fuerte y recibir el mismo beneficio”. —Lectures

upon

the

51th

Psalm

(Discursos sobre el Salmo 51), predicado en Ashby-de- la-Zouch, por Arthur Hildersam, ministro de Jesucristo, 1642.

(10)“Aunque su gracia sea la más débil, si es auténtica, usted tiene una porción tan grande en la justicia de Cristo como la de un cristiano fuerte. Tiene tanto de la justicia de Cristo imputada a usted como cualquier otro”.

—Sermones por William Bridge, ex profesor de Emmanuel College, Cambridge y pastor de la Iglesia de Cristo en Great Yarmouth, 1648.

(11)“Hay algunos que son creyentes auténticos y aun así son débiles en la fe. De hecho, reciben a Cristo y su gracia, pero lo hacen con una mano temblorosa; tienen, como dicen los teólogos, la fe de adhesión; se pegarán a Cristo, como suyos, pero les falta la fe de la evidencia, no se ven como suyos. Son creyentes, pero de poca fe; confían que Cristo no los echará fuera, pero no están seguros de que los aceptará”.

—Sips

of Sweetness,

or

Consolation

for Weak

Believers

(Sorbos de dulzura o consuelo para creyentes débiles), por John Durant, predicador en la Catedral de Canterbury, 1649. (12)“Sé que usted dice que Jesucristo vino al mundo para salvar los pecadores y ‘para que todo aquel que en él cree, no se pierda,

mas tenga vida eterna’ (Jn. 3:15). No puedo saber más que eso; que teniendo un sentido de mi propia condición pecaminosa, me entrego en alguna medida a mi Salvador y me apropio de su redención totalmente suficiente. Pero, ¡ay, mis percepciones de él son tan débiles que no pueden darle un consuelo firme a mi alma! Sea valiente, hijo mío. Si es que usted confía en ser justificado y salvo por el poder del acto mismo de su fe, tiene razón para estar desanimado porque tiene conciencia de lo débil que es. Pero si la verdad y eficacia de esta feliz obra es en el objeto del cual usted se apropió, a saber los méritos y las misericordias infinitas de Dios el Salvador, que no pueden ser anuladas por ser usted débil, tiene razón para animarse y esperar alegremente su salvación. Comprenda que su causa es buena. Tenemos aquí una mano doble que nos ayuda a marchar al cielo. Nuestra mano de fe se toma de nuestro Salvador, la mano misericordiosa y redentora de nuestro salvador se toma de nosotros. Nuestro asirnos a él es débil y resulta fácil soltarnos, pero cuando su mano nos sujeta es fuerte e irresistible. Si dependiéramos de nuestras obras, necesitaríamos tener una mano fuerte; pero aquí se requiere sólo tomar y recibir un regalo precioso ¿y por qué no habría de poder hacerlo una mano débil tanto como una fuerte? Y bueno, aunque no sea con tanta fuerza”.

—Balm

of Gilead

(Bálsamo de Galaad) por el Obispo Hall. 1650.

(13)“No encuentro que la salvación dependa de la fuerza de la fe, sino de la verdad de la fe, no en su grado más brillante, sino en cualquiera que sea su medida. La Biblia no dice: Si tienes tal o cual grado de fe serás justificado y salvo, sino que sencillamente se requiere creer. El menor grado de fe verdadera da resultado, como dice Romanos 10:9, ‘que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo’. El ladrón en la cruz que no había obtenido tanta medida de fe; por un solo acto de fe débil, fue justificado y salvo (Lc. 23:42)”.

—Exposition

of the

Prophet

Ezekiel

(Exposición sobre el profeta Ezequiel), por William Greenhill, Rector de Stepney, Londres, y Capellán de los duques de York y Gloucester, 1650. (14)“El hombre puede tener gracia auténtica aunque no tenga la seguridad del amor y el favor de Dios, ni de la remisión de sus pecados y de la salvación de su alma. El hombre puede ser de Dios y, aun así, no saberlo; su estado puede ser bueno, pero aun así, no lo ve; puede estar a salvo a pesar de que no está en una posición tranquila. Todo puede estar bien con él en el tribunal de la gloria, pero daría mil mundos por sentirse bien en el tribunal de su conciencia. La seguridad es un requisito para el bienestar del cristiano, pero no precisamente para ser cristiano; es un requisito para la consolación del cristiano, pero no para la salvación del cristiano; es un requisito para el bienestar de la gracia, pero no para estar precisamente en la gracia. Aunque un hombre no puede ser salvo sin fe, puede ser salvo sin seguridad. En muchos lugares de las Escrituras, Dios ha declarado que sin fe no hay salvación, pero no ha declarado en ningún lugar de las Escrituras que sin seguridad no hay salvación”.

—Heaven

on

Earth

(Cielo en la tierra), por Thomas Brooks, predicador del evangelio, en St. Margaret’s, Fish Street Hill, Londres, 1654.

(15)“Usted, que puede determinar claramente que tiene fe, aunque sea débil, no se desanime, no se desaliente. Considere que aun la medida más pequeña de fe, es fe salvadora como lo es la más grande. Una chispa de fuego es tan fuego como cualquier otro componente del mismo. Una gota de agua es tan agua como lo es la de un océano.

Así que, el granito más pequeño de fe es una fe tan real y tan salvadora, como la fe más grande del mundo. El brote más pequeño toma savia de la raíz, tanto como lo hace la rama más grande. Así que, la medida más débil de fe lo injerta realmente en Cristo y, con eso, toma vida en él, al igual como lo hace la medida de fe más fuerte. La fe más débil tiene comunión con los méritos y la sangre de Cristo, al igual que la más fuerte.

La fe más débil une al alma con Cristo. La fe más débil cuenta con la misma medida del amor de Dios que la más fuerte. Somos amados en Cristo y la medida más pequeña de fe nos hace miembros de Cristo. La menor fe tiene el mismo derecho a las promesas que la mayor. Y, por lo tanto, no se desanimen nuestras almas por la debilidad”.

—Nature

and

Royalties

of Faith

(Naturaleza y derechos de la fe), por Samuel Bolton, D.D., de Christ’s College, Cambridge, 1657.

(16)“Algunos sienten temor de que no tienen fe en absoluto, porque no tienen el más alto grado de fe, que es la plena seguridad, o porque quieren la comodidad que otros han alcanzado, incluso gozo inefable y glorioso. Pero para quitar esta piedra del camino, hay que recordar que hay varios grados de fe. Es posible que usted tenga fe, aunque no en el más alto grado, ni con gozo en el Espíritu. Es más bien un punto acerca de la fe que la fe misma. De hecho, es más bien una vida basada en los sentidos que una vida por fe; como cuando alguien toma licor constantemente. Se requiere una fe más fuerte para vivir sin el consuelo de Dios, que cuando Dios brilla en nuestro espíritu con abundante alegría.”

—Matthew Lawrence, Predicador en Ipswich, hablando de la fe, 1657.

(17)“Si alguien por allí ha pensado que la esencia de la fe es una convicción especial y plena del perdón de nuestros pecados, que ese alguien responda por lo que cree. Nuestros teólogos en este país, por lo general, tienen otra opinión. El Obispo Devemant, el Obispo Prideaug y otros, han demostrado la enorme diferencia entre creencia y seguridad, y todos consideran a la seguridad, hija o fruto y consecuencia de la fe. Y el que fuera el erudito Arrowsmith, nos dice que, rara vez, Dios otorga seguridad a los creyentes hasta que hayan crecido en la gracia porque, dice él, que hay la misma diferencia entre la fe de posición y la fe de garantía, al igual que entre la razón y el aprendizaje. La razón es la base del aprendizaje; así que, como no puede haber aprendizaje si falta la razón (como en el caso de las bestias), de igual manera, no puede haber ninguna garantía de que no hay fe de adhesión.

Entonces, como el razonamiento bien utilizado en el estudio de las artes y las ciencias produce aprendizaje, de igual manera, la fe bien utilizada en su objeto correcto y por sus frutos correctos, produce seguridad. Además, así como por negligencia, inasistencia o alguna enfermedad, se puede perder lo aprendido, el razonamiento permanece; por la tentación o negligencia espiritual es posible perder la seguridad, mientras que la fe salvadora permanece. Por último, como todos los hombres tienen raciocinio, pero no todos son letrados, así también todas las personas regeneradas tienen fe para cumplir con el método evangélico de la salvación, pero no todos los creyentes verdaderos tienen seguridad”. —Sermón por A. Fairclough, Adjunto de Immanuel College, Cambridge, en los Morning Exercises (Matinales), predicado en Southwark, 1660.

(18)“Tenemos que hacer una distinción entre la debilidad y la nulidad en la fe. Una fe débil es auténtica. La caña cascada es débil, pero no por eso Cristo la quebrará. Aunque su fe sea débil, no se desanime. Una fe débil puede recibir a un Cristo fuerte, una mano débil puede atar fuertemente los lazos del matrimonio al igual que una fuerte, un ojo débil puede divisar una serpiente peligrosa. La promesa no fue hecha a la fe fuerte, sino a la fe auténtica. La promesa no dice: ‘Todo aquel que tenga una fe gigantesca que puede mover montañas, que puede cerrar la boca de los leones, será salvo’, sino: ‘Todo aquel que cree, será salvo’ aunque su fe sea poca. El agua del Espíritu puede ser derramada sobre usted en santificación, aunque no el óleo del gozo en la seguridad. Puede haber fe de adherencia, pero no evidencia; puede haber vida en la raíz donde no hay fruto en las ramas, y fe en el corazón donde no hay fruto de seguridad”.

—A Body

of Divinity

(Un cuerpo de divinidad), por Thomas Watson, ex Ministro de St. Stephen’s Walbrook, Londres, 1660.

(19) “Muchos de los hijos amados de Dios pueden permanecer mucho tiempo inseguros de su condición presente y eterna, no sabiendo qué pensar acerca de si serán condenados o salvos. Hay creyentes de varias edades en la Iglesia de Dios: Padres, jóvenes, niños e infantes. Como en la mayoría de las familias, hay más infantes y niños que adultos, de igual modo, en la Iglesia de Dios hay más cristianos débiles que dudan, que los fuertes que han madurado hasta saberse totalmente seguros. El infante puede nacer, pero no saberlo; de la misma manera un hombre puede nacer de nuevo y no estar seguro de ello. Hacemos una diferencia entre fe salvadora, como tal, y una o convicción total del corazón. Algunos que han de ser salvos pueden no estar seguros de que serán salvos, porque la promesa es de la gracia de la salvación, no la evidencia de ella; es sólo de la fe y no de que la fe será fuerte. Pueden estar seguros de los cielos y, sin embargo, no estar seguros del cielo”. —Sermón por Thomas Doolittle, de Pembroke Hall, Cambridge, y a veces rector de St. Alphege, Londres en Morning

Exercises

(matinales), en Cripplegate, 1661. (20)“¿Es necesario para ser justificado estar seguro de que mis pecados han sido perdonados y que, efectivamente, he sido justificado? No, no hay un acto de fe que justifique, sino que es un efecto y fruto que sigue a la justificación. Una cosa es que la salvación de un hombre sea segura, otra que esté seguro de que es segura. Es como un hombre que ha caído en un río, está a punto de ahogarse al ser llevado por la corriente y divisa la rama de un árbol caída sobre el río, de la cual se agarra y se aferra con todas sus fuerzas para que lo salve; sin ver otra posibilidad de salir con bien, le confía a ella su vida. Este hombre, en cuanto se ha tomado de esta rama, está a salvo, aunque no se ha librado de su ansiedad, temor y terror hasta haber reaccionado y ver que está fuera de peligro. Es entonces que está seguro de estar a salvo; pero estaba a salvo antes de estar seguro. Sucede lo mismo con el creyente. La fe es ver a Cristo como el único medio para salvarse y extender la mano con todo el corazón para tomarse de él. Dios habló e hizo la promesa de que por medio de su Hijo justificaría al hombre.

Por eso es necesario decir: Creo que Cristo es mi único Salvador y entrego mi alma a él para ser salvo por su mediación. En cuanto el alma puede hacer esto, Dios le imputa la justicia de su Hijo y es, de hecho, justificado en el tribunal del cielo, aunque en el presente, todavía no se haya aquietado y pacificado en el tribunal de su conciencia. Eso sucede después, algunos antes y otros más tarde, por los frutos y efectos de la justificación”.

—Body

of Divinity

(Falta

traducción)

, del arzobispo Usher, 1670. (21)“Hay aquellos que dudan y, por dudar, multiplican su desconfianza, llegando a la conclusión de que no tienen fe porque encuentran tantas y tan frecuentes dudas dentro de sí mismos. Pero esto es un gran error. Puede haber algunas dudas, aun donde hay mucha fe; y puede haber poca fe donde hay muchas dudas. Nuestro Salvador requiere y se deleita con los que tienen una fe fuerte y firme en él, pero no rechaza a los menos y más débiles”.

—Lectures

on

the

first

nine

chapters

of St.

Matthew

(Discursos sobre los primeros nueve capítulos del Evangelio de Marcos), por el arzobispo Leighton, 1670. (22)“En el pasado, muchos hombres de gran renombre y eminencia han colocado a la fe verdadera en un grado no menor que la seguridad o la confianza segura del perdón de los pecados, la aceptación de sus personas y su salvación futura. Pero esto es muy triste e intranquilizador para muchas almas vacilantes y solitarias, que llegan a la conclusión de que los que no sienten seguridad, no son objeto de la gracia, lo cual les ha dado a los papistas una gran ventaja. Fe no es seguridad. Pero esta última, a veces, corona y recompensa a una fe fuerte, vigorosa y heroica; el Espíritu de Dios irrumpiendo en el alma con una luz como evidencia y arrasando con toda esa oscuridad, esas dudas y esos temores que antes la abrumaba”.

—Obispo Hopkins escribiendo sobre los Pactos, 1680.

(23)“Falta de seguridad no es incredulidad. Los espíritus desalentados pueden ser creyentes. Hay una diferencia manifiesta entre la fe en Cristo y la consolación de esa fe, entre creer para vida

eterna y saber que tenemos vida eterna. Hay una diferencia entre el hecho de que un niño tenga derecho a una propiedad y su conocimiento total del título que lo acredita con tal derecho. El carácter de la fe puede estar escrito en el corazón, como letras grabadas en un sello, pero lleno de tanto polvo que éstas no se pueden distinguir. El polvo impide la lectura de las letras, pero no las borra”.

—Discourses (Discursos) por Stephen Charnock, de Emmanuel College, Cambridge, 1680. (24) “Algunos roban su propia tranquilidad, colocando a la fe salvadora en la seguridad total. Fe, y seguridad de fe, son dos privilegios diferentes y separados. Usted realmente puede haber recibido a Cristo sin el conocimiento ni la seguridad de haberlo recibido. Algunos dicen: ‘Tú eres mi Dios’, cuando Dios nunca les ha dicho: ‘Tú eres mi pueblo’. Estos no tienen derecho a ser llamados hijos de Dios; hay otros, de quienes Dios dice: ‘Este es mi pueblo’, pero ellos no se atreven a llamarlo ‘su Dios’; estos tienen derecho de ser llamados de Dios, pero no lo saben. Han recibido a Cristo, esa es, de hecho, su seguridad, pero no han recibido el conocimiento y seguridad de ello, ese es su problema… El padre reconoce a su hijo en la cuna, pero el bebé todavía no sabe que es su padre”. —Method

of Grace

(El método de la gracia), por John Flavel, Ministro del evangelio en Dartmouth, Devon, 1680.

(25)“El que confiesa una fe débil tiene mucha paz con Dios, por medio de Cristo, pero no tanta paz como aquel que tiene mucha fe. La fe débil ciertamente llevará al cristiano al cielo, tanto como la fe fuerte, porque es imposible que la medida más pequeña de verdadera gracia perezca, siendo toda semilla incorruptible; pero no es probable que el cristiano débil que duda, tenga un viaje placentero como otro que tiene mucha fe. Aunque todos en la embarcación llegan a puerto seguro, el que sufrió mareos todo el trayecto no habrá tenido un viaje tan agradable como el que es fuerte y saludable”.

—The

Complete

Christian

Armour

(La armadura completa del cristiano), por William Gurnall, en algún momento rector de Lavenbam, Suffolk, 1680.

(26)“No se desanime si no le parece que el Padre lo entregó a usted al Hijo. Puede ser que usted no lo note. Muchos que le son dados no se dan cuenta durante mucho tiempo. Sí, no veo ningún peligro en decir que muchos de los dados al Hijo quizá estén en oscuridad, que tengan dudas y temores en cuanto a esto, hasta que el último y más brillante día lo declare y hasta que haya sido dictada la última sentencia. Por lo tanto, si alguno de ustedes no sabe de su propia elección, no se desanime: Puede haber sido elegido, aunque no lo sepa”.

—Sermons

on

the

Lord’s

Prayer

(Sermones sobre el Padrenuestro), por Robert Traill, ministro del evangelio en Londres y a veces en Cranbrook, Kent, 1690.

(27) “La seguridad no es esencial para la salvación. Es una fe fuerte, pero leemos igualmente de una fe débil, de poca fe… como un grano de mostaza. La verdadera fe salvadora en Cristo se distingue únicamente por sus diferentes grados, pero en cada etapa y en cada persona es universalmente de la misma clase”. —Sermones, por el Rev. John Newton, en un tiempo párroco de Olney y Rector de St. Mary, Woolnorth, Londres, 1767.

(28)“No hay razón alguna para que los creyentes débiles lleguen a una conclusión negativa sobre sí mismos. La fe débil une a Cristo tan fehacientemente como una fe fuerte, así como el brote más pequeño de la vid toma savia y vida de la raíz, igual como lo hace la rama más fuerte. Por lo tanto, los creyentes débiles tienen abundantes razones para estar agradecidos y, mientras siguen adelante creciendo en la gracia, no tienen que ignorar lo que ya han recibido”.

—Una carta del Rev. Henry Venn, 1784. (29) “La fe necesaria y suficiente para nuestra salvación no es seguridad. Su tendencia es, sin duda, producir una expectativa entusiasta del favor divino que avanzará hacia una confianza total.

Pero la confianza en sí misma no es la fe de la que estamos hablando, ni se incluye necesariamente en ella. No, es algo totalmente distinto. La seguridad, por lo general, va acompañada de una gran medida de fe. Pero hay personas sinceras que tienen poca fe o en quienes el ejercicio de esa gracia puede estar muy obstruido. Cuando prevalecen tales defectos y obstáculos, es de esperar que surjan muchos temores y aflicciones”.

—The

Christian

System

(El sistema cristiano), por el Rev. Thomas Robinson, párroco de St. Mary, Leicester, 1795.

(30)“La salvación y el gozo de la salvación, no siempre son simultáneos. Este último no siempre acompaña al primero en su experiencia presente. Un enfermo puede estar en proceso de recuperación, pero aun así tener dudas en cuanto a su salud. El dolor y la debilidad pueden causar que vacile. Un niño puede ser heredero de su propiedad o reino y, no obstante, no derivar ningún gozo ante la perspectiva de su futura herencia. Puede ser incapaz de trazar su genealogía o leer sus títulos de propiedad y el testamento de su padre o, teniendo capacidad para leerlos, puede ser que no comprenda su significado y, quizá, su guardián o albacea considere mejor mantenerlo en la ignorancia por un tiempo. Pero su ignorancia no afecta la validez del título de sus propiedades. Sentir la seguridad personal de ser salvo no se relaciona necesariamente con la fe. No son esencialmente lo mismo. Todo creyente de hecho puede inferir, por el efecto producido en su propio corazón, su propia seguridad y sus privilegios; pero muchos que realmente creen, desconocen la palabra de justicia y no podrían llegar, valiéndose de premisas bíblicas, a la conclusión de que estarían justificados”.

—Lectures

on

the

51st

Psalm

(Discursos sobre el Salmo 51), por el Rev. Thomas Biddulph, ministro de St. James, Bristol, 1830.

↑ Back to top ← Back to Book ← Books Library

↑