Chapter 1

Prefacio

Santidad · J. C. Ryle

Prefacio

Una de las señales más alentadoras y que más esperanzas da, la cual he observado durante mucho tiempo en los círculos evangélicos, ha sido un interés renovado y cada vez mayor en los escritos del Obispo J. C. Ryle.

En su época fue famoso, renombrado y amado como campeón y exponente de la fe evangélica y reformada. Sin embargo, por alguna razón, su nombre y sus obras no son conocidos por los evangélicos modernos. Creo que ninguno de sus libros está en circulación y los ejemplares usados son muy difíciles de conseguir.

La suerte tan distinta que han corrido en este sentido el Obispo Ryle y su casi contemporáneo, el Obispo Moule, siempre ha sido para mí algo de mucho interés. Pero el Obispo Ryle se está redescubriendo y hay un nuevo llamado para que se vuelvan a publicar sus obras.

Todos los que han leído sus escritos, agradecerán este gran libro sobre ‘Santificación’. Nunca olvidaré la satisfacción, tanto espiritual como mental, que fue leerlo veinte años atrás cuando, casualmente, lo encontré en una librería de libros usados.

En realidad, no necesita ni un prefacio ni una introducción. Lo único que haré es instar a todos los lectores a leer la Introducción del propio Obispo. Es de valor incalculable y provee el entorno en que se sintió impulsado a escribir el libro.

Las características del método y el estilo del Obispo Ryle son obvios. Él es preeminentemente y siempre, bíblico y expositivo. Nunca comienza con una teoría con la cual trata de hacer coincidir pasajes bíblicos. Siempre empieza con la Palabra y la comenta. Es una exposición en su mejor y más excelente expresión. Siempre es clara y lógica e, invariablemente, lleva a una clara enunciación de una doctrina. Es fuerte, viril y totalmente libre del sentimentalismo que a menudo es descrito como “devocional”.

El Obispo ha bebido profundamente de las aguas de los grandes escritores puritanos clásicos del siglo XVII. Sí, es totalmente acertado decir que sus libros son una expresión de la teología verdaderamente puritana, presentados en una forma moderna y fácil de leer.

El autor, como sus grandes maestros, no tiene un camino fácil a la santidad para ofrecernos, ni un método “patentado”, por medio del cual se puede obtener; pero, invariablemente, produce esa “hambre y sed de justicia”, que es la única condición indispensable para ser “saciado”. Espero que este libro sea ampliamente leído, a fin de que, cada vez más, el nombre de Dios reciba más honra y gloria. —D. M. Lloyd-Jones, Westminster Chapel, Londres.

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